¡Que lástima Mejico lindo!

25 Mar

Siendo un niño al que todavía le faltaban años para entrar en la adolescencia, el cine y la música mejicana (por entonces muy difundidos en Cuba) me hicieron sentir gran admiración. Más tarde me interesé por la Historia de Méjico y después de leer cuanto pude, mi admiración se tornó en un profundo respeto y fascinación hacia el hermano país. Pasaron los años y un día pude comprobar que un tío bisabuelo mío llamado Rafael Argilagos y Guimferrer se incorporó como médico y combatiente a las huestes de Benito Juárez alcanzando en esa contienda los grados de Comandante. Allí dirigió el Hospital General de Córdova como médico cirujano en jefe y fue ayudante del jefe del ejército, General González Ortega. Motivos pues me sobran para sentir a Méjico como algo muy cercano que jamás podrá serme indiferente.

La visita del Papa a Méjico vuelve a poner de relieve la pésima situación que afronta su sociedad. Se interpreta que el narcotráfico tenga toda la culpa; pero ¿qué es lo que realmente engendra que el crimen organizado llegue a poner en jaque a un país entero y lo convierta en el escenario de una verdadera orgía de sangre y luto? La respuesta no es otra que la miseria, las bolsas de pobreza y una corrupción galopante que convierte a Méjico en tierra de nadie, donde se dan todas las circunstancias para que a manera de caldo de cultivo contribuyan a que tenga lugar un estallido social (una revolución, si lo quieren más claro)… luego nos quejamos. En este caos se debate la sociedad mejicana y a mí no me es indiferente.

Y me acuerdo del Méjico del Cura Hidalgo, del Padre Morelos, de Pancho Villa, de Emiliano Zapata, de Benito Juárez, de González Ortega y de mi tío bisabuelo echándoles una mano con su bisturí y su Winchester. Y me acuerdo de la bella leyenda de la Virgen de Guadalupe y del indio Juan Diego y el Milagro de Tepeyac. Y me acuerdo de las películas y de la apasionada música mejicana y por mi mente pasan como un dulce martirio las caras de Cantinflas, de Tin-Tan y Marcelo, de Tongolele, del productor Indio Fernández a quien conocí en Cuba, del Maestro Lara, de Toña la Negra, de María Félix, de Jorge Negrete, de Pedro Infante, de Pedro Vargas, de Javier Solís, de Los Panchos, de Los Tres Caballeros, de Manzanero…

Y me acuerdo de la buena acogida que siempre tuvieron en Méjico innumerables artistas cubanos como Olga Guillot, Celia Cruz, Benny Moré y sobre todo Dámaso Pérez Prado, el único y auténtico Rey del Mambo a quien la envidia casi lo convierte en un proscrito en su propia tierra y a quien Méjico lo recibió con los brazos bien abiertos convirtiéndose en su segunda patria. Allí vivió y allí murió Dámaso y desde allí cubrió de gloria la música de una Cuba que tarde y mal le asimiló.

Y con todos estos recuerdos que me hunden en la nostalgia tengo que contemplar la realidad mejicana de hoy en día que no deja de entristecerme. Pienso que Méjico vuelve a necesitar a Hidalgo, a Morelos, a Villa, a Zapata, a Ortega, a Juárez y a Rafael Argilagos echándoles una mano con su bisturí y su Winchester… pero eso es imposible porque ni los héroes resucitan y lo único que puedo decir desde mi más sincera tristeza y mi impotencia es ¡Que lástima Méjico lindo!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: