“Otra cosa que sucedió” (Segunda parte)

7 Feb

Después de darle mil vueltas al asunto decidí llamar por teléfono a la Embajada Cubana en Madrid. De más está decir la sorpresa que allí causó que Franklin Alberto Argilagos, Portavoz en Baleares de la Fundación Nacional Cubano Americana (“el hombre de Mas Canosa en Mallorca” como alguna prensa me denominó) pusiera en conocimiento de las autoridades diplomáticas de la Cuba revolucionaria el riesgo que se corría de perder testimonios auténticos de una parte de nuestra Historia. Mi llamada a la Embajada fue atendida finalmente por el entonces Consejero de Prensa el Sr. Gerardo Fernández. Le hice ver que la única manera de recuperar los documentos era que Cuba los reclamara de forma oficial denunciando su sustracción y todo ello en el plazo de 15 días. Me contestó que informaría de todo a sus superiores para que se investigara el asunto y se actuara en consecuencia. Y me dio las gracias.

En esos días visitó Mallorca el entonces Cónsul de Cuba en Barcelona para asistir a una conferencia en el Club Diario de Mallorca y no me pareció mala idea procurar que me recibiera. Dejó bien claro que me recibiría si yo acudía como simple ciudadano cubano residente en Mallorca y no como representante de la Fundación a lo cual yo accedí por tal de ponerle al corriente personalmente de la urgente situación en la que se encontraban los documentos. Me aseguró que inmediatamente contactaría con la Embajada en Madrid y les comentaría cuanto le comuniqué al respecto. Y cuando apenas faltaban 2 o 3 días para que concluyera el plazo dado por el Juez, Cuba (basada en un tratado ante la UNESCO) reclamaba los documentos alegando que habían sido sustraídos de dependencias oficiales.

Las autoridades correspondientes en Mallorca dispusieron la devolución de los documentos a La Habana excepto la del Diario de Campaña de Don Tomás Estrada Palma dijeron que por no tratarse de un documento oficial sino particular por lo cual quedaba excluido del tratado ante la UNESCO. En ningún momento se informó públicamente del paradero de dicho diario. A mí, hubo alguien muy respetable (cuya identidad me llevaré al crematorio) que me aseguró que un miembro de una de las familias más influyentes y acaudaladas en la Historia de Mallorca se había “interesado” por el diario y que “había logrado sus propósitos”. Yo, aunque sé el nombre de ese Señor y el de la familia a la cual pertenece, no tengo prueba alguna de que posea el diario… Solo me queda apelar a su honor, a su dignidad y a su decencia para que si tiene “bajo su custodia” el diario, haga lo posible por reintegrarlo al Patrimonio Histórico Nacional de la República de Cuba o cuando menos lo deposite en algún estamento oficial aquí en Mallorca donde cualquier interesado pueda contemplarlo. Cada uno con su conciencia.

Se dijo que en Cuba el entonces Ministro de Educación (Armando Hart Dávalos, Armandito como le conocíamos en la clandestinidad contra Batista) fue cesado fulminantemente y se especula que la causa puede haber sido lo sucedido con los documentos; de ser así, jamás diré que lo siento. Por último espero no haber defraudado a RMP cuando atendiendo a mi llamada telefónica a la Fundación me dijo “que no perdiera de vista esos papeles”. Hice lo que pude.

(En la tercera parte los lectores verán recortes de prensa de lo sucedido)

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