“Otra cosa que sucedió” (Primera parte)

5 Feb

Sucedió aquí en Mallorca poco después de lo de La Silla del Gral. Maceo. Corría el mes de Nov. de 1997. Esta vez fui el principal protagonista sin tener que compartir pena ni gloria con bastardo alguno. Obré por iniciativa propia acorde a cada circunstancia y quizás por todo ello fue que “la cosa” no salió tan mal. Al menos, los vendepatrias no se salieron con la suya.

Poco antes del 97 conocí a un médico cubano nacionalizado español y residente aquí en Mallorca. Jamás pasó de ser un simple conocido (entre el montón) ya que su postura ideológica me resultó inaceptable. Justificaba y defendía la cubana revolución a capa y espada. No obstante… un día recibí una llamada telefónica del galeno en cuestión (las iniciales de su nombre se corresponden con JdeDHM) en la cual me dijo que de Cuba había venido un “paisano” que poseía importantísimos documentos históricos relacionados principalmente con Don Tomás Estrada Palma (primer Presidente de la República) y que dada su mala situación económica estaba decidido a venderlos y que él (JdeDHM) sabiéndome Portavoz de la Fundación Nacional Cubano Americana había pensado que a lo mejor a dicha institución podía interesarle la compra de los mismos. No quiero extenderme en comentar la mala impresión que semejante proposición me causó, estuve a punto de maldecirle y “mandarlo al carajo” pero en cambio tuve una rapidísima reacción de la cual me felicitaré hasta el último día de mi vida. Así pues, le dije que no podía asegurarle nada pero que me pondría en contacto con la Fundación siempre y cuando se me entregara una lista de los documentos “en venta” y conociera personalmente al vendedor y este me enseñara algunos de ellos para comprobar su autenticidad.

A sabiendas de que en la Fundación desaprobarían rotundamente tal despropósito, no obstante decidí informarles de todo para que me dieran su opinión al respecto y las sugerencias que estimasen oportunas. No fue posible localizar a Mas Canosa ni a Toñín Llama y fue RMP quien atendió mi llamada telefónica descalificando de inmediato la postura de los vendepatrias y me dijo “que no perdiera de vista los documentos y que hiciera cuanto pudiera por evitar que cayeran en malas manos”.

En tales circunstancias me pasaron por la mente varias maneras de poner a salvo los “trozos de Historia”. Al final opté por ponerme en contacto con la Policía Nacional y fui atendido personalmente por el entonces Jefe de la Brigada 3ª al cual puse en antecedente de lo ocurrido con lujo de detalles. Previamente yo había concertado una cita en el Bar Cristal de la Plaza de España con JdeDHM y con el vendedor cuyo nombre se corresponde con SMMR “para informarles del resultado de mi llamada telefónica a la Fundación” y para que me entregaran la lista de los documentos y poder revisar algunos. Le solicité al Jefe de la Brigada 3ª su intervención en el momento en que tuviera lugar la reunión en el Bar Cristal y este me manifestó su lógica preocupación de que los documentos no fuesen auténticos y todo resultara un fiasco. Le convencí después de convenir con él que sus “hombres de paisano” solo actuarían a una señal mía que consistía en encender un cigarrillo después de haber revisado detenidamente los documentos y asegurarme de su autenticidad. A dicho Jefe también le preocupó que los vendepatrias pudieran portar algún arma a lo cual le respondí que una vez en el bar yo escogería la mesa más apartada posible y procuraría que estos quedaran sentados de espaldas a la calle para facilitar aún más la entrada de sus hombres de incógnito. Así pues, se montó el dispositivo policial correspondiente en el lugar y hora previamente convenido.

A la cita acudieron puntualmente el intermediario y el vendedor y “comenzó el baile” (a mi ritmo). Conocí al fin a SMMR quien me mostró algunos documentos mientras tomábamos café. Una vez que pude “recrear mi vista” y comprobar la autenticidad de los documentos (por las “marcas al agua” y por los “sellos en seco”), llegó la hora de fumar y de manera inmediata y muy discreta pero sumamente efectiva, fuimos rodeados por los agentes de la Brigada 3ª quienes nos condujeron a la Jefatura Provincial de la Policía Nacional. Una vez allí comenzaron las investigaciones pertinentes y me preguntaron si yo deseaba interponer alguna denuncia a lo cual respondí que mi único objetivo era evitar la pérdida de los documentos que de momento fueron enviados al Archivo General de Indias en Sevilla donde expertos en la materia certificaron su autenticidad de manera oficial. Ante el Juez correspondiente, el vendedor SMMR afirmó que los documentos se los había entregado su padre que fue Albacea de Don Tomás Estrada Palma. El Juez determinó que si en un plazo de 15 días no se demostraba que los documentos habían sido sustraídos o que su salida de Cuba había sido ilegal, estos serían devueltos a SMMR. Y yo, ¡a correr de nuevo!

(CONTINUARÁ)

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