“Me lo contó mi abuela”

14 Ene

Sí, mi abuela paterna Dña. Dídima Guerra, la que estuvo en la manigua. Los hechos transcurrieron durante la Guerra del 95.

 En la Guerra del 68 al 78 el Conde de Valmaseda, en una misiva dirigida a mi bisabuelo Francisco Rosalía Argilagos (Coronel del Ejército Mambí) le amenazó con “no dejar piedra sobre piedra” en las tierras que este poseía en Camagüey y que perseguiría sin tregua a los Argilagos adonde quiera que fueran. No obstante a los Argilagos les quedó una pequeña finca en las afueras de Camagüey en la cual, al inicio de la Guerra del 95, se quedaron viviendo “las mujeres de la familia”, o sea, mi abuela y sus tres hermanas María Josefa (Pepilla), Cruz (Crucita) y Ángela mientras mi abuelo Franklin Argilagos y Loret de Mola (Comandante de Estado Mayor) y sus hermanos Arturo y Roberto (también Comandantes) se incorporaron al Ejército Mambí.

Hallábase patrullando mi abuelo de manera rutinaria la manigua cuando sintieron a lo lejos una voz quejosa que débilmente pedía socorro. En breve dieron con un infortunado chino semidesnudo atado fuertemente a un árbol y picoteado por todo tipo de alimañas. Después de desatar y socorrer como mejor pudieron al infeliz, este les contó que para poder subsistir había tenido que dedicarse a robar hasta que le sorprendieron y como castigo le habían atado al árbol con idea de que allí muriera. Mi abuelo decidió llevarlo a la finca donde habían quedado mi abuela y sus hermanas para que le cuidasen. El chino, ya repuesto, se quedó en la casa ayudando en las tareas domésticas y en los trabajos de la finca; pero al poco tiempo cambió de planes intimidando a “las señolas de la casa” haciéndose servir por ellas como dueño y señor. Ante la resistencia de las mujeres las amenazó con contarle a la tropa española que estas sabían dónde se encontraban mi abuelo y sus hermanos. Y de lo dicho a lo hecho. Suerte que un vecino de otra finca avisó a tiempo a mi abuela de que había visto a lo lejos una columna española acompañada del chino que se aproximaba por el camino. Le vino justo a “las señolas de la casa” atravesar un campo sembrado de maíz arrastrándose por la tierra de surco en surco y de camellón en camellón mientras eran tiroteadas y las balas les pasaban cerca. Al final del sembrado había un destartalado cobertizo que servía de cobijo a unos caballos que mi abuelo había dejado allí de manera previsora “por si acaso…” Escaparon por los pelos y al cabo de cabalgar durante tres días dieron con los mambises.

Al enterarse con detalle de lo ocurrido, mi abuelo formó una patrulla a la cual se integró un oficial llamado Alberto Acosta, marido de Cruz (Crucita) la hermana de mi abuela. Dicha patrulla fue de noche a la finca y sorprendieron al chino mientras dormía, no atendieron a sus súplicas arrodillado y llorando y lo condujeron maniatado (por orden de mi abuelo) hasta el lejano árbol donde se lo habían encontrado por vez primera en estado lastimoso y en ese mismo árbol fue ahorcado. Así… “me lo contó mi abuela”.

PD) Fui un niño al que le contaron muy pocos cuentos infantiles al estilo de “Erase una vez…”   Lo que más me contaron fueron verdaderas lecciones de Historia… y me las contaron sus auténticos protagonistas y testigos. Además de Franklin me bautizaron con el nombre de Alberto en honor a Alberto Acosta al cual tuve el privilegio de conocer, no así a mi abuelo ni a sus hermanos Arturo y Roberto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: