“Algo que sucedió…” (Segunda parte)

8 Dic

                                                     “LA VIL CAMARILLA”

Embusteros funcionarios, periodista pacotilla, militar autoritario y un traidor con mancilla, han cometido alevoso triste hecho indignante digno de un facineroso en su quehacer denigrante

Gran reliquia han secuestrado de manera improcedente mientras un pueblo abrumado triste la espera impaciente.

Alguien continúa insistente la reliquia reclamando, sirviendo a su Patria fielmente, jamás su deber olvidando.

No es fácil lo que pretendo y es mucha la devoción que a pesar de todo mantengo dedicado a la ardua misión.

La lucha no doy por perdida y seguro defiendo “La Silla”, jugaré entera la partida contra la vil camarilla.

Mallorca, Febrero de 1996

FRANKLIN ALBERTO ARGILAGOS.

Compuse “La vil camarilla” cuando se comunicó la lamentable y deshonrosa decisión de enviar La Silla al Museo Militar de San Carlos a una sala dedicada a la memoria del tristemente célebre Gral. Valeriano Weyler. Allí está expuesta al público dando la impresión de estar exhibida como botín de guerra… como si no hubiera otro espacio en dicho museo u otro estamento en Mallorca donde haberla destinado. De más está decir que a día de hoy todavía hay muchos elementos (sobre todo “militares nostálgicos del pasado”) en los cuales todavía sobrevive el infame espíritu de sus pobres antepasados colonialistas; adoran la figura de Weyler y persisten en defender lo indefendible y justificar lo injustificable. Dan pena.

Lo de menos es que no se haya cedido a la petición del exilio cubano; honestamente yo nunca conté con ello y cuanto hice (que no fue poco) lo hice con el objetivo de presionar al máximo y forzar a las autoridades competentes en el caso a determinar que La Silla no fuera entregada al régimen castrista, lo cual estaba casi decidido (“según mis fuentes de información”) atendiendo a la solicitud y presiones ejercidas por empresarios mallorquines con importantes inversiones en La Isla con el afán de congraciarse con el tirano. Todo ello a pesar de las “gestiones” hechas por quienes no querían que la reliquia se fuera a La Habana pero tampoco al exilio.

El haber “contactado” (por mi parte) con la nieta de Weyler y el haber solicitado y obtenido el respaldo de lo más importante y representativo del exilio, fue indiscutiblemente determinante (sobrarán quienes lo nieguen hasta la necedad) y las autoridades deseosas de salir de la embarazosa situación concluyeron entonces y no antes en que “ni al exilio ni a Cuba”. Eso sí, nunca conté con que La Silla fuese enviada a la Sala Weyler ni que hubiera cubanos ¿? que estuvieran de acuerdo con semejante desatino. Me siento muy satisfecho y orgulloso de la responsabilidad que me corresponde en que el castrismo no se haya salido con la suya y de no tener nada que ver con el humillante destino final de la valiosa reliquia.

(Recomiendo al lector lea el Prólogo y la primera parte editadas el 6 y 7 de Dic.)

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