“Algo que sucedió…” (Primera parte)

7 Dic

                                               “LA SILLA ESTÁ SECUESTRADA”

En Mallorca en un museo de repente se encontró una silla que a Maceo buen tallador regaló.

De un tronco de Palma Real la silla un guajiro labró, la palma era de un palmar donde Maceo combatió.

Weyler como trofeo cuando Maceo murió, con lujurioso deseo de la silla se adueñó.

De Cuba se trajo la silla aquel duro general conservándola en su villa como algo muy especial.

Weyer un día murió y fue su hija María quien la silla conservó como su padre lo hacía.

En su largo testamento su villa Weyler legó al antiguo ayuntamiento del sitio donde nació.

El testamento se cumplió, el ayuntamiento ocupó la villa y también recogió la silla después que María murió.

Han pasado muchos años y nadie cuidó con respeto tan venerable objeto que ha soportado cruel daño.

Cuando en la prensa leí de la reliquia el hallazgo sentí de nostalgia un rasgo y raudo al museo me fuí.

Fue extraña la sensación que sentí al mirar la silla, sobriamente tallada y sencilla provocó mi admiración.

Teniendo en cuenta quién fue su gran propietario en vida, por mucho que me esforcé suspiré a lágrima viva.

En Cuba también se enteró nuestro verdugo insolente del hallazgo sorprendente y la silla reclamó.

El gran exilio cubano mostró su inconformidad: !No hay que entregar a un tirano un símbolo de libertad!

Al Rey de España escribí solicitando su ayuda, su respuesta con premura muy orgulloso recibí.

Dispuso Su Majestad que se estudiara el problema, yo agradezco su bondad y su interés en el tema.

De Cuba los exiliados deseosos de acunarla la reliquia han reclamado para poder venerarla.

Con celo la cuidaremos, con honra y con dignidad y a Cuba la llevaremos cuando viva en libertad.

La autoridad competente aún no ha resuelto el dilema, el exilio está impaciente mientras espera con pena.

A todos nos ha indignado un ayuntamiento imprudente que nuestra silla ha enclaustrado de manera improcedente.

Metida en un cuarto trastero donde le anidan arañas, así cuidan “con esmero” nuestra reliquia en España.

Hasta Weyler mostraría contundente indignación y justo condenaría tan deplorable acción.

Siempre dijo el Ayuntamiento que la familia de Weyler podía no dar su consentimiento a los que la silla pedían.

A la nieta de Weyler llamé y me presenté con respeto, de su paciencia abusé, escuchó mi relato completo.

Sensible, receptiva y sencilla encontré a Maria Teresa, “Me recuerdo muy bien de la silla” me confesó con franqueza.

La nieta de Weyler escuchó al nieto de un viejo Mambí y muy sincera se emocionó cuando hablarle decidí.

Después le envié un dossier con toda la información, todo lo pudo saber y tomó su decisión la cual me dió a conocer contestándome con prisa: “Es de elemental justicia a su petición acceder”.

“Que la silla de Maceo se entregue al exilio cubano que ansioso la espera ufano es mi mayor deseo”.

La carta de María Teresa al Ayuntamiento llevé, para ellos fue una sorpresa y algo muy raro noté cuando tosca concejala me dijo con desagrado: “Esto que usted nos presenta tiene que ser consultado”.

“Jurista a nuestro servicio el caso analizará y usted ya se enterará en el momento preciso”.

Cansado ya de esperar la respuesta prometida molesto la fui a buscar con la rabia contenida.

Muy tensa fue la entrevista pues yo firme no admitía su absurdo punto de vista y mi postura defendía.

De repente dieron por hecho que de Weyler la familia ya no tenía derecho sobre la vieja reliquia.

Yo enseguida comprendí que trataba con tramposos y pronto me largué de allí con la frente alta, orgulloso.

Ahora pretenden enviar la silla de Antonio Maceo a un museo militar contrario a nuestro deseo.

Muy poco respeto merece aquel que exhibir proponga algo que a otro pertenece y lo reclame con honra.

Mi protesta y mi denuncia yo nunca silenciaré, el patriota no renuncia y luchando continuaré.

La silla en el trastero continúa, la reliquia permanece humillada y la ofensa así se acentúa, !LA SILLA ESTA SECUESTRADA!

Mallorca, Enero de 1996.

FRANKLIN ALBERTO ARGILAGOS

(Recomiendo al lector lea el prólogo publicado el 6 de diciembre)

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