“Historieta Cubana” (Basada en hechos reales).

6 Oct

Es pura realidad y no mera coincidencia ni casualidad el parecido de esta historieta con cualquier hecho real.

Erase una vez en la vieja Cuba a finales de la década de los 50 (gobernaba Batista), un adolescente estudiante de Secretariado Comercial que desde que conoció a una compañera de estudios de la misma academia, quedó prendado de sus encantos juveniles. No era para menos… La ninfa, apodada “La Tota”, cuyo nombre se correspondía con las siglas A.B., era toda una monada; la piel canela clara, el pelo negro lacio (ni largo ni corto), un par de ojos verdes como esmeraldas brotadas de la selva colombiana y un cuerpo en el que la naturaleza hizo un alarde de proporciones y armonías, un cuerpo con unas curvas por las que el enamoradizo estudiante le hubiera gustado conducir en un automóvil sin frenos y estrellarse justo en su punto más negro. Pero las cosas son como son y no como las desean… La Tota tenía puesto sus ojos en Jaime, otro estudiante mejor parecido. No obstante el enamoradizo “conductor suicida” no se dio por vencido y se las arregló a fin de visitar cada noche, “como amigo”, a La Tota.

La Tota vivía con su madre en casa de sus abuelos desde que se quedara huérfana de padre y allí vivía también su tía Mirta (Mirtica). Una noche al llegar el estudiante a la calle donde vivía La Tota, le llamó la atención ver delante de la casa dos grandes automóviles negros y por la acera algunos militares uniformados y dos de ellos con armas largas. La Tota le recibió en la gran sala (como de costumbre) y al sentarse en el sofá el estudiante se sorprendió al ver en la mesa de centro, entre un jarrón de flores y un cenicero, nada menos que una pistola Colt 45 con cachas de nácar con incrustaciones de oro (se hacían artesanalmente en México para varios modelos de pistolas). Al preguntarle el sorprendido estudiante, La Tota le contestó sonriendo que el arma era del “novio” de su tía Mirtica. No sabía el estudiante que la tía tuviera “novio” y mucho menos que este resultara ser el tristemente célebre torturador y asesino Coronel cuyo nombre se correspondía con las siglas I.G.

I.G. estaba casado y con hijos y la tía Mirtica era su querida. Y Mirtica tenía joyas de oro y piedras para escoger al igual que riquísimos perfumes franceses y un ropero digno de una modelo del mismísimo Dior o Balenciaga. Cada vez que llegaba I.G. a aquella casona, era como si llegara Dios; el viejo y la vieja se le colgaban del cuello abrazándolo, a penas atravesaba el jardín, como si estuvieran trepando a una palmera… después Mirtica le daba el beso de bienvenida que al igual que el de despedida eran besos dignos de un THE END de cualquier película made in Hollywood.

Nuestro enamoradizo estudiante también era bastante avispado y comprobó una y otra vez que la pistola de I.G. quedaba cargada a tope de munición en la mesa de centro mientras los viejos, la Mirta y el Coronel se adentraban en la casona. Y resulta que nuestro estudiante estaba “comprometido” en la lucha contra el dictador y poco tardó en comunicar a “sus contactos” la posibilidad que tenía de “cargarse” al Coronel con su propia pistola. Para ello ideó un simple plan que consistía en que algunos de sus compañeros de lucha armasen un poco de “jaleo” en las esquinas de la calle en la que vivía La Tota a fin de distraer a la escolta y provocar la salida precipitada del Coronel que caería abatido por sorpresa en la sala por los disparos de su propia Colt 45. Nuestro avispado estudiante conocía muy bien cada calle, esquina, casa y rincón de aquella barriada y con el “jaleo” no le sería difícil “escurrirse” por el gran patio de tierra trasero.

Los compañeros de lucha (al cabo de más de dos semanas) contestaron al estudiante que después de consultar con “los jefes” se había decidido “actuar”, pero de otra manera. Que debido a la falta de infraestructuras lo mejor sería utilizar explosivos. Nuestro estudiante no estuvo de acuerdo en que se sacrificaran otras vidas y menos la de La Tota y su madre por tal de ultimar al Coronel y contestó que la cosa se hacía a su manera o no se hacía… ¡Y no se hizo! ¿Por falta de “infraestructuras” o por falta de genitales? ¡Y no se hizo! Y todo siguió igual, el Coronel y el estudiante continuaron coincidiendo en la casona; uno por Mirtica y el otro por La Tota. Nuestro estudiante se quedó con las ganas de “volarle los sesos” al Coronel pero a cambio se vio compensado con poder disfrutar cada día, en la academia, de la sensual sonrisa de La Tota A.B.

Y colorín colorado esta historieta se ha acabado. Solo falta añadir que el enamoradizo y avispado estudiante adolescente que una y otra noche tuvo en sus manos la vida de I.G.,FUI YO.

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