“Mi abuelo tenía razón…”

18 Jun

Sí, mi abuelo materno, o sea, el que en vida fue el papá de mi mamá… Don Julio Nocedo Ramos, nació en Oviedo, Asturias. Tendría 5 años más o menos cuando sus padres emigraron a Cuba. Le encantaba mecerse en un sillón mientras devoraba un sin número de platanitos manzanos. De mayor trabajó en la Empresa de Ferrocarriles Unidos (Inglesa) hasta retirarse. Fue Masón al que la Santa Madre Iglesia Católica no le era muy “simpática” lo cual no significó que no tuviera sus creencias a su manera. El caso es que (aquí es a donde quería yo llegar) siempre manifestó convencidísimo que ni el Diablo ni el Infierno existían; que todo eso era un cuento para intimidar a los pecadores o posibles pecadores a fin de que no cayeran en tentación alguna y que lo que sí era real es que La Divina Providencia se “encargaba” de que todo pecador, de una manera o de otra, pagara por sus pecados en vida y no después de fallecer “ardiendo en el infierno”. Si tenemos en cuenta la sentencia bíblica que dice: “En el pecado llevarás la penitencia”, podríamos concluir que el abuelo no andaba muy despistado. No pocos ejemplos de todo ello brinda la Historia y la vida cotidiana. Continuamente somos testigos de que “el que mal anda, mal acaba”, y de que “el que a hierro mata no muere a sombrerazos”.

Ahora mismo hay que ver “la que están pasando” el gorila rojo venezolano (Hugo) y el dinosaurio cubano (fidel). A King Kong las entrañas se le vuelven pus. Unos dicen que a causa de la Chilca que le “recetó” el brujo cocalero boliviano Evo, el de la mandanga esa de la Pacha Mama; otros dicen que debido a una liposucción… ¡Qué raro, tan masculino el simio para ser tan presumida! ¡No me lo puedo creer! El caso es que “la cotorra se comió el perejil” y así está, con las entrañas podridas. Al dinosaurio del Parque Jurásico Socialista las “incontinencias” no le dejan ni estornudar. ¡Hay que ver cómo están ambos! Ellos, tan poderosos, tan prepotentes, tan ofensivos, tan inmisericordes, tan abusadores… y ninguno de los dos son capaces de poder eliminar sus respectivas flatulencias sin que tengan que venir de enfermería a lavarles y cambiarles los pañales; a uno lo devora el pus y el otro se va en diarreas.

¿Cabe duda alguna de que estén recibiendo un más que merecido castigo? La Divina Providencia se “encarga” de ello, “en el pecado llevan la penitencia”, “mal andan y mal acaban”, matan a hierro y no mueren a sombrerazos”… El papá de mi mamá, el asturianito del balancín y los platanitos manzanos, el ferrocarrilero Masón… ¡Mi abuelo tenía razón!

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2 comentarios to ““Mi abuelo tenía razón…””

  1. yamila 23 septiembre, 2011 a 12:09 pm #

    Bien acidooooo!!!! Un abrazo

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