“El presidio político en Cuba”

16 Mar

Obra escrita por José Martí cuando a los 18 años de edad sufría pena de destierro en España. Dicha obra se imprimió y publicó en 1871. Al leerla, yo personalmente la considero estremecedora cuando compruebo entristecido que de cierta manera, la Historia se repite. Hoy me permito hacer una extractada recopilación de la misma y dedicarla precisamente al actual presidio político en nuestra Patria. Cualquier similitud de esta Obra Martiana con la dolorosa realidad que hoy se soporta en Cuba, ¿será pura casualidad? Que mis contados lectores lo enjuicien…

Dolor infinito debía ser el único nombre de estas páginas. Dolor infinito, porque el dolor del presidio es el más rudo, el más devastador de los dolores, el que mata la inteligencia y seca el alma y deja en ella huellas que no se borrarán jamás.

Dante no estuvo en presidio. Si hubiera sentido desplomarse sobre su cerebro las bóvedas oscuras de aquel tormento de la vida, hubiera desistido de pintar su Infierno. Las hubiera copiado y lo hubiera pintado mejor. Si existiera el Dios providente y lo hubiera visto, con una mano se habría cubierto el rostro y con la otra habría hecho rodar al abismo aquella negación de Dios.

Ser apaleado, ser pisoteado, ser arrastrado, ser abofeteado en la misma calle, junto a la misma casa, en la misma ventana donde un mes antes recibíamos la bendición de nuestra madre, ¿qué es? Nada. Volver ciego, cojo, magullado, herido, al son del palo y la blasfemia, del golpe y del escarnio, por las calles aquellas que meses antes me habían visto pasar sereno, tranquilo, con la hermana de mi amor en los brazos y la paz de la aventura en el corazón, ¿qué es esto? Nada también. ¡Horrorosa, terrible, desgarradora nada!

Y la fibra noble del alma de los pueblos se contrajo enérgica y a los acordes de la lira que bamboleaba entre la roja nube, el pueblo clamó y exhaló en la embriaguez de su clamor el grito de anatema.

No en nombre de esta integridad de tierra que no cabe en un cerebro bien organizado; no en nombre de esa visión que se ha trocado en gigante; en nombre de la integridad de la honra verdadera, la integridad de los lazos de protección y de amor que nunca debisteis romper; en nombre del bien, supremo Dios; en nombre de la justicia, suprema verdad, yo os exijo compasión para los que sufren en presidio, alivio para su suerte inmerecida, escarnecida, ensangrentada, vilipendiada. Si la aliviáis, sois justos. Si no la aliviáis, sois infames. Si no la aliviáis, os respeto. Si no la aliviáis, compadezco vuestro oprobio y vuestra desgarradora miseria.

Cuando todo se olvida, cuando todo se pierde, cuando en el mar confuso de las miserias humanas el Dios del Tiempo revuelve algunas veces las olas y halla las vergüenzas de una nación, no encuentra nunca en ellas la compasión ni el sentimiento. La honra puede ser mancillada. La justicia puede ser vendida. Todo puede ser desgarrado. Pero la noción del bien flota sobre todo y no naufraga jamás.

Me espantaba de ver allí refundidos el odio, el servilismo, el rencor, la venganza; yo, para quien la venganza y el odio son dos fábulas que en horas malditas se esparcieron por la tierra. Odiar y vengarse cabe en un mercenario azotador de presidio; cabe en el jefe desventurado que le reprende con actitud si no azota con crueldad; pero no cabe en el alma joven de un presidiario cubano, más alto cuando se eleva sobre sus grillos, más erguido cuando se sostiene sobre la pureza de su conciencia y la rectitud indomable de sus principios, que todos aquellos míseros que a par que las espaldas del cautivo, despedazan el honor y la dignidad de su nación.

La idea no cobija nunca la embriaguez de la sangre . La idea no disculpa nunca el crimen ni el refinamiento bárbaro en el crimen.

En nombre de la compasión, en nombre de la honra, en nombre de Dios, detened la masa, detenedla, no sea que vuelva hacia vosotros y os arrastre en su hórrido peso. Detenedla, que va sembrando muchas lágrimas por tierra y las lágrimas de los mártires suben en vapores hasta el cielo y se condensan y si no las detenéis, el cielo se desplomará sobre vosotros.

Ahora, aprobad la conducta del gobierno en Cuba. Ahora, los padres de la Patria, decid en nombre de la Patria que sancionáis la violación más inicua de la moral y el olvido más completo de todo sentimiento de justicia. Decidlo, sancionadlo, aprobadlo, si podéis.

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Una respuesta to ““El presidio político en Cuba””

  1. Pablo Pacheco Avila 16 marzo, 2011 a 9:47 pm #

    Escrito por Marti y vigente en nuestros tiempos,pero un dia todo va a terminar,esa agonía sera parte del pasado.

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