¿Seguiremos aguantando, ó qué?

29 Ene

Que no haya malos entendidos, lo que escribo a continuación no es otra cosa que una incitación a la lucha armada; a la necesaria e inevitable guerra a la que en su momento se refirió José Martí. Me atengo a las consecuencias, pues.

Este artículo se lo dedico a cierta viuda que a una edad muy avanzada, un gran día que a mí me resultó mágico, me dijo: “Venga, que voy a enseñarle algo…” Encorvada, su paso lento… Su mano izquierda se sujetaba a mi brazo derecho, con su mano derecha se asía a un bastón. Me condujo a su dormitorio y allí puso en mis manos, para que yo pudiera empuñarlo y contemplarlo detenidamente, el sable de oficial que perteneció a su marido en la guerra del 95. Ella también estuvo en la manigua y después fue condecorada con la Gran Cruz de la Orden al Mérito Mambí; se llamó Dña. Dídima Guerra y su marido fue el Comandante del Ejército Libertador Franklin Argilagos y Loret de Mola. Fueron mis abuelos paternos. Yo sé por qué desde mi más temprana adolescencia nunca vi nada temible en la miserable figura de ningún dictador asesino… En esa triste figura siempre vi y sigo viendo solo un reto al cual “jugarle la partida” a vida o muerte.

Cada vez más, cada vez peor, con más descaro, con más cinismo, la dictadura no para de ensañarse en su brutal represión. Intentar ofrendar flores al Apóstol es motivo de detención con el consiguiente maltrato. Estamos solos… No hay país ni organización alguna que se tome en serio nuestra tragedia, al contrario, muchos se aprovechan de ella. La ONU da risa, la OEA, asco. Ni Estados Unidos, ni España, ni el Vaticano, ni Dios, hacen nada que valga la pena resaltar. La paja del ojo, o nos la sacamos nosotros o nos quedamos tuertos o hasta ciegos. Ciegos ya están muchos, sobre todo los que no quieren ver. La comedia barata típica de la más sucia politiquería se hace indefinida… la burla alcanza proporciones desmedidas. Nuestro honor y dignidad se ignoran y se cae en el ridículo si se mencionan. La capacidad de sufrimiento se rebasa y la de soportar tanta ignominia también y llega el momento en que más de uno “revienta” sin que le importe las consecuencias. Conozco a mi pueblo “con sus defectos y virtudes”. Sé que hay muchos que prefieren que les peguen un tiro en los genitales antes que permanecer impasibles ante tanta afrenta; no todo está perdido. Tal situación puede provocar a los que aún les queda valor y dignidad y ante el convencimiento de que no les “dejen” otra opción, se decidan a “despertar el machete adormecido del Mambí” y “hagan sentir su filo con contundencia”. De otra manera lo único que logran son “migajas de canario preso”.

Ese machete “desperezado” también podría hacerse sentir fuera de La Isla, no sería la primera vez. Le podrían devolver a la dictadura todo el daño que ocasiona y hacerle pagar muy caro cada vida que se cobrara. Para presionar el gatillo de un arma, para utilizar una granada, para detonar un explosivo, no hay que ser un atleta, después de haberlo hecho una o dos veces, las demás se convierten en pura rutina; basta con estar suficientemente motivado y saber controlar el miedo que se presente. Sé lo que digo, “anduve esos caminos”.

Cuando no son atendidas las demandas de justicia y libertad de una sociedad condenada al hambre y atacada en sus derechos más elementales, esa sociedad tiene el deber y el derecho a la legítima defensa, eligiendo el tipo de lucha, momento y lugar que les sean propicios; habrá quienes prefieran morir matando donde quiera que estén sus enemigos. Derechos humanos, solidaridad, libertad, justicia, democracia, pan, igualdad, etc. son conceptos que en Cuba han sido ahogados en un pozo lleno de sangre inocente a la vista del resto de los mortales sin que nadie lo evite. Somos los cubanos, SOLOS, los que tenemos que rescatar esos conceptos del pozo. Nos sobra “legitimidad” para hacer despertar “el machete dormido del Mambí” y “hacer sentir su filo con contundencia” dónde, cómo y cuándo nos sea propicio. ¿Tenemos otra opción? ¿Seguiremos aguantando, o qué?

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