¡CABIOSILE CHANGÓ!

25 Ene

Creyendo evitar el desastre económico inevitable, producto del acostumbrado fracaso de la política comunista donde quiera que esta se implanta (por la fuerza), raúl castro, a la desesperada, decide ensayar medidas que permiten a los cubanos tener sus propios “negocillos” con los cuales ganarse la subsistencia. Ya hace algún tiempo se autorizó la apertura de “paladares” (fondas caseras) que posteriormente fue restringida al máximo haciendo que muchos cerraran sus puertas. Ahora, ante la imperiosa necesidad de que miles de funcionarios cesados tengan de qué vivir, los paladares y el alquiler de habitaciones se vuelven a “poner de moda”. Nada menos que 75,000 solicitudes se han presentado para obtener la autorización que permita desarrollar ese tipo de iniciativa privada; lo cual no significa que el régimen dictatorial esté dispuesto, ni mucho menos, a ceder un ápice en su autoritarismo y represión habitual. Que nadie se haga ilusiones… No obstante, muchos cubanos ven en las desesperadas medidas recién adoptadas, la manera de aliviar su precaria situación. Se conforman y hasta se alegran con la miserable oportunidad que se les brinda a sabiendas de que la dictadura continúa sin que se vislumbre el final de la misma. Se han acostumbrado, algunos desde la cuna, a vivir en silencio permanente y aceptar “buenamente” toda situación a la que sean sometidos. Así pues, con las últimas disposiciones, los hay que están contentísimos de poder “iniciarse” en el mundo de la pequeña empresa. En la ciudad de Cienfuegos ha causado furor lo de los paladares y el alquiler de habitaciones a pesar de las deficientes condiciones en las infraestructuras para llevar a cabo esta iniciativa. El “kiosco” y el “timbiriche” vuelven a aparecer. Por cierto, ¿qué clase de turista se puede encontrar a gusto malcomiendo y hospedándose en sitios tan precarios? ¿No estará presente el “jineteo” como complemento indispensable para la buena marcha del alquiler de cuartuchos y la “degustación” de váyase a saber que comidas y bebidas? Volvemos a Cienfuegos (la ciudad que más me gusta a mí, dijo El Benny) y encontramos a un tal Carlos Alberto, propietario de lo que él denomina un bar restaurante llamado “Casa de Changó”, que espera, según dice, con la ayuda de Changó, poder inaugurar en breve 3 o 4 negocios similares. O sea, Changó ejerciéndo de agente empresarial ayudando a los cubanos a volverse capitalistas. A ver si este Carlos Alberto se nos transforma en un Don Gabriel Escarrer a la cubana y hasta llega a competir con la Cadena Hotelera Sol Meliá y otras tantas. También para dichas cadenas hoteleras el jineteo ha sido complemento indispensable para la buena marcha del negocio. Así pues, nuestro queridísimo hermano Carlos Alberto, no tiene que amilanarse ante nada; desde aquí le doy la bienvenida al mundillo empresarial y le deseo lo mejor con la ayuda de Changó. ¡Cabiosile Changó, Cabiosile!

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