“Cubanos descafeinados”

23 May

Dice el refrán: “Al país que fueres, haz  lo que vieres”. Sinceramente creo que es un buen consejo para todo aquél que le toque vivir en suelo extranjero. También estoy seguro de que el seguir al pie de la letra dicho consejo, no implica necesariamente ni la disminución ni la perdida de la identidad nacional de los inmigrantes.

Hay cubanos a los que el exilio, a fuerza de ansiedad y nostalgia, les ha acentuado el sentido de la cubanidad. Desgraciadamente a otros  parece haberles ocurrido todo lo contrario. Después de tantos años fuera de la Patria, la experiencia recibida y soportada me dice que hay dos maneras fundamentales de ejercer la cubanidad; la primera: desde la continua preocupación y la entrega total; la segunda: desde un simbolismo exhibicionista. La una implica compromiso y sacrificio, la otra resulta ser una postura muy cómoda; es la postura preferida de los “indiferentes de siempre” a quienes un ilustre calificó como  “la peor lacra de nuestra historia”. La práctica de su cubanidad consiste más que nada, en la continua exhibición de los símbolos de la Patria, lo cual en ocasiones va acompañado de fugaces crisis eufóricas.

A estos paisanos se les identifica fácilmente; suelen llevar en el auto la banderita y el escudo nacional. El escudo y la banderita también presentes en sus casas. Algunas fotos como las de El Morro, Viñales, Cuevas de Bellamar, etc. , un busto de José Martí y la imagen de Nuestra Sra. De la Caridad del Cobre, complementa su colección. Cada día contemplan la banderita, el escudo, las fotos, el busto del Apóstol y la Santa Imagen; pero ¿y de la tragedia cubana, qué? ¿Procuran hacer algo a favor de la causa anticastrista? ¡Qué va!  No hay que complicarse la vida.

Se alegran mucho cuando oyen una noticia negativa para el régimen de castro;  (con minúscula) en ese preciso momento vociferan un alucinante ¡VIVA CUBA LIBRE! y parece que se vayan a comer el mundo… al poco rato se les pasa la euforia y se olvidan de todo. Si los que estamos seriamente trabajando en favor de la libertad, intentamos contar con éste tipo de cubanos, no oiremos más que excusas en algunos casos seguidas de ruines comentarios hechos a nuestras espaldas. Comentarios derrotistas tales como: “Aquello va a durar toda la vida”, “Aquello nunca se acaba”, “Más nunca será como antes”, etc. Y lo peor del caso es que a veces logran contagiar su derrotismo a familiares y amigos. Desean como el que más que “aquello” acabe pronto, pero no hacen nada positivo por la causa. No conciben que desde el exilio se pueda hacer tanto ó más de lo que pueda hacer la disidencia interna victima de la brutal represión. ¡Qué bonita oportunidad están desperdiciando!  Su propio derrotismo y su postura acomodaticia, sólo les hace exhibir banderitas y escudos, contemplar fotografías  nostálgicos  y venerar santas imágenes a las cuales imploran el milagro que no ayudan a realizar y del cual, en la práctica, son los primeros detractores.

Muchos de éstos paisanos cuando les toca opinar, no pueden hacerlo de manera más desafortunada… Les parece bien lo de las inversiones extranjeras, les parece bien que vayan muchos turistas a La Isla, les parece mal que no se levante el embargo, parece no sentarles mal el continuo y escandaloso aumento de la prostitución, encuentran bien que Cuba entera este a la venta del mejor postor, etc. Cuando les oigo, no puedo menos que dudar de su anticomunismo y de su anticastrismo y no me cabe la menor duda de que algunos salieron de Cuba, más para comer jamón, que en busca de libertad. Algunos pudieron marchar a E.U.; otros se vinieron a España. Aquí les oigo a veces hablar con despecho “de los de Miami”; hablan de ellos como si de habitantes de otra galaxia se tratara: “Que si los de Miami tal”, “Que los de Miami más cual”, “Que si en Miami no se puede vivir porque sólo hablan de Cuba”, etc. ¡Necios renegados! ¿De qué mejor pueden hablar los cubanos que de los problemas de su tierra? ¡Vaya compatriotas! Me permito recordarles que José Martí estuvo mucho tiempo exiliado y que desde su exilio dijo: “CUBA NOS UNE EN EXTRANJERO SUELO”.

Una pieza de metal tratada con descuido por un herrero puede llegar a perder su temple. Lo mismo puede suceder (por desgracia) con la identidad nacional y el sentido de la cubanidad  de algunos de los nuestros en el exilio. Se han convertido en  “cubanos  descafeinados”; o quizás lo fueron siempre.  Mi intención no es la de ofenderles, ni la de molestarles tan siquiera; simplemente hago un llamado a la reflexión. Respeto el derecho que les asiste a elegir el camino que crean más conveniente, así como reafirmo el derecho que tengo a criticarles con absoluto respeto.

Hasta pronto y muchas gracias. Próximo artículo: “Los puros que regala fidel”(con minúscula)

PD: Una cosa es “ser cubano” y otra es haber nacido en Cuba.

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